Blogus Gitana emplumada

Dar el ejemplo

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Escrito por Aline Ross

“Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”. Malala

Hubo un punto de mi infancia en que mi madre se dio cuenta que no podía depender económicamente de nadie, decidió que no iba a ser ama de casa, su anhelo era ser una mujer profesionista, trabajar, sentirse plena y de paso darnos el ejemplo a mis dos hermanos y a mí de ser independientes. Así que un buen día tomo sus cosas y salió a buscar trabajo estando nosotros aún chicos.

Bricia había estudiado una carrera comercial pues mi abuelo – comunista y todo – no le había permitido estudiar otra cosa, ya saben machismo recalcitrante así que lo que ella sabía era taquimecanografía. Ahora que lo pienso no sé si tardó mucho o poco en encontrar trabajo, el caso es que entró a una escuela por la zona a dar ese taller. Se quedó en esa escuela 28 años.

Pero mi mamá tenía más aspiraciones, y pese a que la situación no era la idónea entendía que estudiar era la única forma de lograrlas, así que no contenta con trabajar volvió a la escuela. Su sueño era tener la carrera de psicología para lo cual necesitaba tener la preparatoria cursada y ella no la tenía, no le contaban su carrera comercial así que tuvo que empezar de cero. Fue así como entró a la preparatoria nocturna en horario de seis a diez pm.

Un día “normal” en la rutina de mi mamá era:  levantar a tres hijos, llevarnos a la escuela 7:30 am, ir a trabajar, salir de trabajar, recogernos, llevarnos a casa, darnos de comer, hacer tarea con nosotros, ir a la nocturna hasta Tlalpan (vivíamos en Villa Coapa), regresar muy tarde, hacer tarea en la madrugada, dormir unas horas si bien le iba, levantarse a hacer todo de nuevo. Fue una época en que mi mamá estaba sola con nosotros así que nos encargaba con la vecina y se iba con todo su pesar solo sabiendo que ese era el camino y debía aventurarse. Regresaba a casa rogando que no le pasara nada en el trayecto, así cada día. Uno de los recuerdos más presentes que tengo de esa época era verla dormida frente al plato de sopa a la hora de la comida. Bendita juventud, voluntad y persistencia norteña que le permitieron hacer todo eso.

El tiempo pasó entre fotocopias, notas, cuadernos, ir y venir, correr siempre, entre el cansancio extremo y la búsqueda de los sueños… y llegó el día en que mi mamá terminó la prepa abierta. Me sentí muy orgullosa, yo estaba viendo a mi mamá crecer, yo estaba viendo a una mujer ser valiente e ir contra viento y marea, la estaba viendo cosechar su esfuerzo y lograr algo.

Entre este y el siguiente reto pasaron algunos años, años en que ella no dejó de trabajar mientras criaba a 3 niños que después fueron adolescentes y más tarde entraron a la carrera hasta que todo se acomodó para que pudiera continuar su plan, al mismo tiempo tenía su trabajo, su relación con mi papá y muchas cosas más que atender.

Llegó el momento de elegir la universidad, ella quería estudiar en la UAM pero como todos saben los lugares son contados y depende de quién sabe qué cosa que entres. Bricia se preparó para su examen todo lo que pudo y fue a presentarlo. Jamás olvidaré el nerviosismo conforme se acercaba la fecha de resultados, es más ahorita les escribo esto con un nudo en la garganta y lágrimas. Qué conmovedor el día que se publicaron los resultados en el periódico, yo estaba sentada con ella en su recámara, ella buscando la sección del periódico, ella tratando de no ilusionarse tanto. Unos días antes decía “no me voy a quedar, son pocos lugares, es muy difícil” tratando de prepararse para el momento… y pues su nombre apareció justo ahí donde lo necesitábamos. “¡Aline me quedé!, ¡me quedé hija, me quedé!” me decía mientras sus manos apretaban la hoja y ella casi como niña sentada brincaba ligeramente en el colchón; por supuesto lloraba de la emoción y yo igual. Ese fue otro gran momento donde entendí que mi mamá además de ser mi mamá, era una mujer, un ser independiente, con sueños, temores, ilusiones y esto pareciera ser obvio pero los hijos muchas veces no lo vemos, somos egoístas y no vemos a nuestros padres más que como eso. También en ese momento reafirmé lo que ella ya me había enseñado, a no desistir.

Para entonces mi mamá ya había crecido en la escuela donde trabajaba, verán su pasión es la educación y el trabajo con adolescentes, pasión que encontró y desarrolló en esta escuela, pronto subió a coordinadora y después le dieron la dirección de secundaria. No es tarea fácil en un mundo donde además hay que pelear contra el machismo, las grillas y las envidias. Pero mi mamá brilla, siempre lo ha hecho y siempre lo hará.

Estudió psicología y de su salón era la mayor, seguía trabajando, lidiando con las cosas de sus hijos, leyendo y estudiando de noche perdiéndose en muchas ocasiones de reuniones, cosas de la familia, viajes, siempre pensando primero en su meta, en terminar sus estudios. Fue difícil no les miento porque en ese entonces muchas veces mis hermanos, mi papá y yo no entendíamos cómo no podía dejarlo un rato y poner su atención acá, pero yo ahora entiendo todo, hace mucho que lo hice de hecho y le agradezco infinitamente ese ejemplo porque siempre se las arregló para estar presente y guiarnos pero este ejemplo fue más allá de las palabras.

Las dos fuimos universitarias en los mismos años. Después yo empecé a estudiar teatro y en ese tiempo le ofrecieron una de las contadas becas que otorga el Tec de MTY para una maestría virtual en educación. Dudaba de aceptarla porque en ese entonces el tema de la tecnología era algo que no conocía para nada, tuvo que aprender a hacerlo y subir sus tareas en línea, enfrentarse a esta barrera y hacer las cosas. Muchas veces la vi desesperada llorando porque su trabajo no subía a la plataforma, también la vi ahogada en papeles, lecturas, además de lo que tenía que hacer de su chamba porque llegó a ser Directora Técnica ante SEP. La veía cansada, sin dormir, peleando, siempre siendo responsable, persistente, nunca rindiéndose, aunque supongo que algunas veces habrá pasado por su cabeza. También muchas veces la vi sola, sola en su mundo de estudio sin encontrar empatía de parte de su familia pues cada quién andaba en lo suyo y siento que pocas veces la ayudamos o logramos apoyarla como ella necesitaba…

Mi mamá terminó su maestría y fue un momento hermoso acompañarla a recibir su título, fue increíble, increíble verla subir a recibir su título. Tiempo después llegaron dos diplomados más para poder adentrarse en el extraño y fascinante mundo del cerebro que es su máxima pasión y todo esto lo hizo para poder dar terapia. Sí, mi mamá ayuda a muchas personas, muchos adolescentes, especialmente a mujeres. No hay nada más gratificante para ella que ayudar, dar, siempre dar, eso me ha enseñado y sobre todo me ha enseñado que  los sueños son lindos pero solo serán reales si se convierten en metas, que  no  importa contra qué haya que luchar, las  cosas siempre son posibles, que no importa que los demás digan o no digan de ti,  si  puedes o no, si debes o no, si tratan de definir quién eres, con que tú  sepas quién eres, lo que quieres hacer y de lo que eres capaz con  eso basta y que no importa lo que piensen los demás de ti, cuando tienes luz y brillas siempre encontrarás envidias y gente que quiera apagar esa flama pero que si tú  haces las cosas con amor y por amor a ti, nada podrá vencerte. Mi mamá es una de las mujeres más inspiradoras que conozco, ella me ha enseñado con su ejemplo y ha construido mi sentido de ética, de lealtad, de amor, de pasión y de lucha. Ella siempre creerá en mí, ella sabe quién soy, ella siempre me amará y yo con eso tengo. Siempre le estaré agradecida, siempre la seguiré y siempre, siempre la llevaré en mí. Te amo mamá, gracias por tu historia.

Acerca del autor

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Aline Ross

Actriz y productora en mi compañía de teatro La Nave. Comunicóloga, consultora, Una investigadora del ser humano, mexicana con alma irlandesa y vasca, espíritu del norte.
Amo cantar, leer y el silencio, observar a la gente, coleccionar personajes que encuentro cuando viajo, la lluvia, el frío y las seis de la tarde. Las letras me llenan la cabeza todo el tiempo. Estas ideas que me dicen: “¡escribe!”.
Prefiero el teatro al cine, el arte contemporáneo al clásico, la ciudad a la playa, oír más que hablar. Siempre soñaré y pelearé por un mundo justo abierto e incluyente. Tengo miles de inspiraciones para hacerlo.

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